LA SUPER LAVADORA

Desde que mi hija abrió la puerta la noté agobiada como buscando algo, así que me quedé en el umbral tranquilamente, esperando para no contribuir a su nerviosismo. Allí me llegó una voz metálica que venía del interior del apartamento: –“Falta la pareja de un calcetín rojo”

Algo extrañada sabiendo que estábamos solas pregunté:  ‒¿Cariño hay alguien en casa? ‒ella sin abandonar su agobio me respondió:

‒No mamá, es la lavadora que habla, tengo que encontrar el maldito calcetín rojo porque si no se lo doy, la nena no arranca. Tiene que detectarlo.

Hacer una visita a mis niños siempre es una experiencia. Viven en Silicon Valley rodeados de tecnología punta. A veces descubro cosas que me provocan risa, otras veces quedo paralizada por lo innovador y algunas veces rezo para que no me dé un patatús.

Lo de una lavadora que habla no me lo esperaba ni en una peli de ciencia ficción. Supongo que ella se percató al verme con los ojos y la boca muy abiertos, expresando mi incredulidad.

Entonces mi niña respiró y se detuvo. Me explicó que la lavadora habla como el robot de cocina que ella me regaló. Tiene además unos sensores que en el caso de los calcetines los reconoce como números pares, así que, cuando lo que contiene es impar, lo dice con un mensaje como el que escuché, que lo repite cada cierto tiempo y que mientras no le introduzca el calcetín no empieza el lavado.

Yo seguía con la boca abierta sin salir del asombro y bajando la voz le pregunté ‒¿y lo del color rojo? Esta vez fue ella la que abrió los ojos sorprendida

–!Ay mamá pues no lo sé! ¡Tecnología punta mamá, tecnología punta! –se fue hasta la solana, sacó del tambor el calcetín rojo y la súper lavadora se puso en marcha.

Al fin nos fuimos de paseo riendo a carcajadas a razón de la historia de la lavadora.

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